Las distintas proteínas que ingerimos en la dieta del ser humano
deben disgregarse en sustancias más pequeñitas para que se puedan absorber en
el tubo digestivo. Tenemos en el organismo unas enzimas digestivas con esa
función, como por ejemplo, la tripsina. Existen las anti-tripsinas que bloquean
su acción, así como de otras enzimas similares y así impiden la digestión de
las proteínas disminuyendo el valor nutritivo del alimento.Tambien Las anti-tripsinas las
encontramos en legumbres, en patatas crudas o en el calostro de la leche materna, aunque en este último caso
actúan de manera beneficiosa ya que estas primeras secreciones de la leche
materna contienen anticuerpos que deben pasar intactos a través de la mucosa
intestinal y que se inactivarían si tuviéramos la enzima digestiva.
Otro de las sustancias que dijerimos, la ovocoíde, la
encontramos en la clara del huevo pero los efectos antinutritivos solo se
producen si se consume cruda, por lo tanto, el cocinado normal desactiva esta
microsustancia y elimina los potenciales microorganismos que pudiera haber.

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